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Eso he hecho esta mañana, la meditación de la espinaca. Pasos:

1. Me he sentado en mi cocina con un montón de manojitos de espinacas que compré el viernes, y con un cuchillo.

2. He revisado mi postura: los pies bien plantados en el suelo, la espalda recta pero sin tensiones, los hombros relajados, en la cara una expresión amable.

3. Me he dicho: estoy aquí, estoy en mi cuerpo, voy a limpiar y cortar estas espinacas.

4. En lugar de dejar que mi mente vagara, como suele hacerlo, y de distraerme pensando en miles de asuntos y limpiar las espinacas como si fuera un autómata, he decidido estar plenamente presente en la experiencia de este momento: limpiar espinacas.

5. Así que he puesto toda mi atención en lo que estaba haciendo: en las hojas, en su color, en el contacto del cuchillo con mi mano, en el olor que desprendían las espinacas, en la sensación del agua cada vez que metía una hoja en el cacharro donde las estaba enjuagando…

6. De pronto, me daba cuenta de que no estaba allí. Mi mente se había alejado de las espinacas y se encontraba inmersa en otras cuestiones: recuerdos, planes, conversaciones, reflexiones de todo tipo, juicios y valoraciones como “¡uf, qué montón de espinacas!”.

7. Como tenía la intención de estar en la experiencia de arreglar las espinacas, tranquilamente, sin más, aceptando el hecho de que la mente va y viene continuamente de un pensamiento a otro, volvía a traerla a lo que estaba haciendo, volvía a enfrascarme en las espinacas.

8. He repetido este movimiento de traer la mente, la atención, de vuelta a las espinacas un millón de veces. Era importante respetar mi compromiso de estar en mis espinacas y volver cada vez que me daba cuenta de que me había alejado de ellas. Las espinacas eran lo más importante en ese momento.

9. Cuando he arreglado las espinacas les he dado las gracias (en silencio) por estar ahí y también me he dado las gracias a mí misma por haber arreglado las espinacas con tanto cariño y haber dedicado un ratito a estar tranquila, cuidando de las espinacas y de mí.

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Este ejercicio puede repetirse con ajos, cebollas, fresas…También con el coche, con las conversaciones con amigos, vecinos o desconocidos. En la ducha, caminando, al levantarnos y al acostarnos. Es siempre lo mismo: Se trata de estar en la experiencia de ESTE MOMENTO, con la intención de hacerlo; cada vez que me doy cuenta de que mi mente se ha apartado, la traigo con cariño y determinación a esa experiencia, a lo que está sucediendo en ese preciso momento. Y repito este movimiento tantas veces como sea necesario.

Esa actitud de estar aquí, tal como la he descrito, es mindfulness, en eso consiste, simplemente. Y practicarla trae incontables beneficios al cuerpo y a la mente. Es una actitud que se practica y se desarrolla. Si quieres aprender cómo, haz todos los días la meditación de la espinaca (de la cebolla, la fresa o el café) o apúntate a un curso de “Reducción de estrés y mindfulness” (MBSR).

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