Hace unos días estaba a punto de quedar con una amiga para tomar algo pero, casi cuando la cita estaba cerrada, decidí que no, que no me venía bien. A mi amiga eso no le gustó mucho. Me dijo que está muy bien mirar por uno mismo, pero que yo miraba demasiado por mí, que me costaba comprometerme… me dijo esto y otras cosas que ella opinaba sobre mí y sobre el hecho de que yo finalmente decidiera no quedar con ella.

Si se mira atentamente, detrás de muchas de estas opiniones que damos a los demás, las cuales, la mayoría de las veces no nos han pedido, se encuentran los “deberías”. Deberías mirar un poco menos por ti y más por mí, deberías ser capaz de comprometerte más, deberías, deberías…

“Deberías” que vienen de fuera, “deberías” que vienen de dentro, que nos imponemos a nosotros mismos. Lo que hay no sirve, no es suficiente. “Tú deberías ser así o asá”, “yo debería hacer esto o aquello”. Debería ser mejor persona, más ordenado; debería estar más gordo o más flaco. Qué peso, qué carga, qué presión. No es suficiente. Lo que soy, lo que hay… no es suficiente. Exigencias, expectativas, esquemas de cómo “deberían” ser las cosas, las personas, el mundo… Y a sufrir todos: no llegar, defraudar, exigir, frustrarnos, forzar. Ya conocemos el mecanismo.

¿Qué tal si en vez de “debería/deberías” ponemos un “me gustaría”? Me gustaría que me tuvieras más en cuenta, que te comprometieras más; me gustaría estar más gordo o más flaco, etc. Qué descanso.

Esta mañana, en ese momento entre el sueño y la vigilia, a raíz de otra experiencia muy reciente con los “deberías”, me surgió de pronto una especie de coplilla que me hizo gracia. Aquí os dejo la letra:

Porque tú… tú deberías, deberías, deberías.
Deberías ser más guapa,
ser más lista,
ser más limpia.
Deberías, deberías, deberías.

Pero… yo no debería “na”,
yo no debería “na”.
A mí me gusta ser como soy.
A mí me gusta ser lo que soy.

¿Que a mí me gustaría ser más guapa,
ser más lista,
ser más limpia?
Quizás.
Quizás.
Pero yo no debería “na”.
Que yo no debería “na”.

Que yo no debo “na”,
que estoy en paz.

Y olé 🙂

¡Que pases un buen verano!

10 comentarios
  1. Ana
    Ana Dice:

    Ja, ja, ja!!! Cuanta razón tienes. Qué presión ejercen esos deberías… Vamos a quitarlos de nuestro vocabulario. Un abrazo y feliz verano.

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  2. andrea
    andrea Dice:

    Hola! Que coincidencia, o no, que estos dias he recibido un par de correos con esta temática y es un tema que me cuestiono a menudo, que debería? que me propongo? y para que? todo esto desde el respeto y el el amor propio. Así voy dejando de lado los “deberías” que considero me perjudican y escucho aquellos que van a favor de lo que yo considero mi enriquecimiento personal. Hasta allí bien cuando se trata de mí. Que sucede, como en tu relato, cuando hay mas personas implicadas o hemos creado un compromiso? Allí entro en conflicto y para eso la vida me presta espejos! Suscribirme a una newsletter semanal, que luego no llega porque la persona que escribe elige respetar sus tiempos o deseos, comprar un pack de clases de yoga en lo que no se respetan dias ni horarios, porque ….fluimos…. Entonces me planteo como administro mis deseos, compromisos o “debería”. Espero que sirva a alguien mas para reflexionar.

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    • Beatriz
      Beatriz Dice:

      Gracias por tu comentario, Andrea.
      Al decir que yo “no debería nada” me refiero a que en última instancia, todos somos libres. No estamos obligados a nada (salvo a cumplir la ley, que tampoco estamos “obligados”, podemos no cumplirla). A veces, para obtener ciertas cosas que necesito (dinero, apoyo, compañía, etc.) “tengo que” o “debería” trabajar, ceder, cumplir un contrato…

      En lo personal, en las relaciones, nadie está tampoco realmente obligado a nada. A veces somos esclavos de condicionamientos, de ideas del tipo “como eres mi madre, o mi hijo, o mi pareja, deberías hacer esto o lo otro”. Así, las relaciones no están basadas en el amor o la libertad, sino en el chantaje y la obligación.

      Luego, también creo que, si de verdad existiera el sentido común, si estuviéramos libres de condicionamientos, conectados con la naturaleza, con nuestra sabiduría innata, no habría diferencia realmente entre “deber” y “querer”. Por ejemplo, “debería o me gustaría o querría cuidar de la naturaleza o tratar bien a todos los seres vivos, tratarte bien a ti, mi amigo, mi familiar… debería o querría cuidarme, etc.”. Realmente, en conexión con la naturaleza, no hay diferencia entre deber y querer. Por desgracia, la mayoría de nosotros no estamos ahí.
      Un abrazo fuerte

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