
(Relato basado en hechos reales. Los nombres de los personajes se han cambiado para proteger la intimidad de los implicados… y para que sea más fácil que cualquiera se aplique el cuento. Podemos cambiar los que aparecen por cualquier otro nombre)
Agapita es una mujer muy tradicional. Tiene unos valores muy arraigados, muy claros, muy “universales”. Católicos, apostólicos y romanos. Incuestionables.
Su pareja, Agapito, cae enfermo, tiene que someterse a un tratamiento que durará semanas y necesita cuidados. Vive solo, tiene familiares en la misma ciudad y a su hijos en ciudades cercanas a la suya.
Agapita, sin dudar, se lanza a cuidarlo. Le cocina, lo acompaña al médico y a los tratamientos, lo visita en casa y le da apoyo emocional.
Tras unas semanas de entrega…
Agapita SIENTE/NECESITA: Estoy muy cansada con este ritmo, necesito estar en mi casa tranquila, estoy molida.
PIENSA: Qué raro que los hijos de Agapito no hayan venido este fin de semana… Así habría podido descansar, pero seguiré yo. Cómo voy a dejar solo a mi amado, eso nunca. Si no, ¿qué amor sería ese?
Agapita pone las necesidades de Agapito por delante de las suyas. Ni pide ayuda ni descansa. Se entrega a él siguiendo sus valores “indiscutibles”.
«¿Qué tipo de persona sería si no lo hiciera?» (Juicio suyo y general)
Unos días después, Agapita cae enferma. La visitan unos mareos que la obligan a quedarse en cama. Si se levanta lo más mínimo, todo le da vueltas. No puede salir de casa, ni cocinar… nada. En la cama todo el día, con los ojos cerrados. Está muy molesta.
Clotilde, una sobrina de Agapita, se ofrece a visitarla.
Agapita: ¡Noooooo, qué va!! Estoy fatal, no estoy para nadie. Si vieras el mal aspecto que tengo… Y estos mareos, una locura.
La sobrina le dice también que su madre tuvo unos mareos así y se los quitó una medicina.
Agapita: ¡Nooooo, qué va!! Esto se me pasará en unos días, las medicinas para estos mareos me sientan fatal, ya probé otras veces y no me funcionan.
Única salida (sabiduría ancestral): quedarse en la cama sin hacer absolutamente nada ni ver a nadie hasta que pasen los mareos.
(Nota: antes de los mareos a Agapita la paraban otros síntomas pero los eliminó con una operación «exitosa»)
Agapito, mientras tanto, está en su casa. Ha tenido que ir solo a los tratamientos y, probablemente, pedir ayuda a sus hijos u otros familiares.
El mundo sigue girando. Igual que la cabeza y el dormitorio de Agapita.
Eso es todo. A partir de aquí viene mi interpretación personal de la situación
(A quien pueda interesar).
Para mí, el mecanismo que opera aquí podría ser el siguiente.
Las necesidades vitales, lo que la vida necesita para el equilibrio, se abre camino, quiera el individuo o no.
Para que haya equilibrio TODAS las necesidades de un sistema (= pareja, familia, vecindario, mundo) han de ser tenidas en cuenta y atendidas.
Por mucho que queramos o que nos lo dicten nuestros valores o nuestra cobardía, no es posible poner siempre a los demás por delante. No es sostenible.
(Nota: tampoco es sostenible simplemente no cuidarnos, aunque no pongamos las necesidades de otros por delante)
Si no ves esto y actúas en consecuencia, la vida lo hará por ti.
Por mucha fuerza que tengas, por mucho que tú quieras olvidarte de ti y seguir adelante como si no pasara nada… no se puede. No se puede mirar para otro lado. La vida y la verdad se imponen. La diferencia es si es con más o con menos dolor. Eso es lo único que tú puedes elegir.
Agapita se deja llevar por su mente y «sus» valores (heredados o impuestos por la cultura en la que vive) y, aunque está en contacto con su cuerpo y sus necesidades, las pasa por alto. Las pone por detrás de las de los demás, en este caso de las de Agapito.
Para ella es tan importante su idea de cómo “tienen que ser las cosas” que no duda un momento en seguir esa idea. Ni se plantea otra opción.
Permite que su cuerpo se agote y que aparezcan síntomas que hagan por ella lo que ella podría haber hecho tranquilamente. Parar y cuidarse.
Y al final de todo, el pobre Agapito se queda solo.
PD: El caso narrado aquí es solo un ejemplo. La moraleja (que puedes enfermar si no te cuidas o si pones a los demás o a tus ideas sobre lo correcto e incorrecto por encima de ti y de lo que de verdad sientes y necesitas) no se aplica solo a la situación de cuidar a alguien cercano que está enfermo.
Si quieres puedes pensar en ti, en tu caso particular: ¿estás poniendo a alguien, a algo (un trabajo, proyecto, etc) o a tus ideas de lo correcto e incorrecto por delante de ti mismo? ¿Es algo puntual, ocasional o es sistemático, un hábito en ti? ¿Cómo estás? ¿Qué necesitas? ¿Qué podrías hacer para cuidarte? ¿Crees que puedes con todo? ¿Crees que si tú no lo haces (lo que sea) no lo hará nadie? ¿Te da miedo hacer lo que tú quieres de verdad, tomarte tu tiempo, hacer tu vida? Como verás, no es ninguna tontería… ni necesitas a alguien enfermo para caer en la trampa y sus consecuencias .
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¿Quién cuida al cuidador? ¿Qué nos lleva a seguir para adelante a pesar de todo? ¿Porqué no pedimos ayuda a tiempo? Las respuestas están en nuestro interior. Para, respira, observa y decide…
Fermín gracias por tu comentario. La primera pregunta, la del cuidador, me ha inspirado a poner una postdata a la entrada. Te la dedico 😉 ¡Un abrazo!
El cuerpo habla lo q el alma calla.
Es bueno escucharme ,respirarme,intentar comprenderme y en mi silencio poder hallar respuesta 🥹🐢🧡
Agapita tendría que pedir ayuda, y Agapito también.
Aconsejar es la primera ayuda.
Vamos haciendo lo que podemos… Qué bien que aquí podemos compartir diferentes estrategias y resultados. Un abrazo, Lola y Jose Luis!