“La verdad nos está esperando”

Me encanta esta frase, la oí hace tiempo en la serie “Chernobyl”

La semana pasada tuvimos una sesión de meditación “de las de antes”. Nos encontramos en el jardín de la Hospedería de las comendadoras de Santiago muchos de los que meditábamos juntos antes del Covid. Pudimos darnos besos y abrazos, fue una tarde muy especial. 

Después de la sesión, les conté que repetiremos de vez en cuando estas sesiones presenciales (sin dejar las que estamos haciendo por zoom). Aunque ya no vivo en Granada, con frecuencia paso temporadas en la Hospedería haciendo retiros de meditación. Antes los hacía con algún amigo y últimamente los hago en solitario. Aprovecharemos que voy para hacer retiros como el que iba a empezar después de la sesión para reunirnos y meditar juntos.

A muchos de los que estaban allí les pareció, como mínimo, extraño que dedique una semana de mi vida a encerrarme en un convento para practicar meditación. Y que lo haga frecuentemente, en silencio, sin móvil y sin comunicación con el exterior. 

No soy la única que hace esta proeza, aunque es verdad que no es algo habitual. Durante nuestra conversación les hablé de las ventajas de eliminar al máximo las distracciones para poder vernos claramente “el plumero”. 

En nuestra vida cotidiana, aunque reduzcamos al máximo la actividad y las distracciones, nunca lo hacemos tanto como para ver lo que se ve en un retiro (no hace falta que sea en solitario). 

Me interesa mucho investigar y conocer cómo funciona la mente humana. En concreto, a través de qué mecanismos genera el propio sufrimiento. Estoy convencida de que si descubro estos mecanismos en mí misma podré ir dejando de estar bajo su tiranía. Al ponerlos al descubierto, se van debilitando.

No basta con la teoría, ese es el problema. Y también es la explicación del beneficio de los retiros. Es genial conocer la teoría, es un punto de partida estupendo. Pero no basta. En mi opinión, a partir de un punto, las teorías, en vez de ayudar, entorpecen. Por bonitas que sean. 

Para que se produzca la transformación que anhelamos, para que nuestros hábitos vayan perdiendo fuerza y nos podamos sentir más libres, más ligeros y un poco en paz, la teoría tiene que “incorporarse” (=meterse en el cuerpo, in corpore). Tiene que pasar a una dimensión que no es conceptual, intelectual. La tenemos que entender con las entrañas, las tripas, el corazón, el ser, el cuerpo o como queramos llamarlo. La tenemos que vivir.  Si no, no sirve de nada. “Sabremos” mucho pero seguiremos metiendo la pata igual o más con todo el que nos rodea (y con nosotros mismos).

“La verdad nos está esperando”

No sé cuántas veces habré oído, y repetido para el que me quiera escuchar, que el apego al placer y el rechazo al dolor causan sufrimiento y multitud de problemas. Que nos pasamos la vida detrás de lo agradable y huyendo de lo desagradable y que ese hábito nos tiene atrapados en un bucle de sufrimiento al que los budistas llaman “samsara”. Esa sensación de estar atascado, incluso llevando una vida muy cómoda. 

Mi mente comprende esto muy bien. Y tiene mil ejemplos para demostrar la veracidad de tal afirmación. 

Ahora nos vamos al día central del retiro, de este último retiro que comencé después de la sesión del domingo. Ahí estoy, sentada en el cojín, sintiendo inquietud, molestias en la espalda e incomodidad general. Mi mente, tensa y sumida en la desesperación. Y estos pensamientos, pululando:

“Ay, Dios mío, qué angustia, qué harta estoy. Qué desesperante es esto. Ya estamos otra vez, este malestar, estás molestias. Mira que he hecho retiros, que me lo tomo en serio. Y encima hago sesiones de meditación, y le explico a la gente estas cosas. Y mira yo… No me concentro, no tengo aguante, no me puedo pasar una sentada tranquila sin que aparezca este malestar. ¿Cuándo podré por fin estar a gusto? ¿Cuándo podré meditar como x, y, z (personas conocidas con las que me comparo y que considero meditadores perfectos y felices)? ¿Qué estoy haciendo mal?

Vergüenza me da contar esto. Parece mentira, con lo bien que me sé la teoría. 

A la vez, estoy contenta y orgullosa de mí misma. Por ponerme en una situación donde puedo ver estos procesos con el microscopio. Por permitir que todo eso salga a la luz. Está pasando, estoy diciendo esas palabras, teniendo esos pensamientos, esas sensaciones y a la vez una parte de mí está ahí, viendo el teatrillo. Es una parte muy pequeña, muy débil, casi enterrada en tanta angustia. Pero está ahí. 

Lo veo, lo veo claro. Qué apego tan grande tengo a lo agradable. A esos momentos en los que todo parece ir sobre ruedas. En el cojín de meditación se dan cuando todo está en calma,  cuando no hay dolor, cuando los pensamientos van y vienen a su ritmo como nubecillas que surcan el cielo y mi mente descansa en una conciencia abierta y espaciosa. No es fácil de describir, es solo para que nos hagamos una idea. 

Como decía mi madre, “solo me gusta la parte ancha del embudo”. En cuanto se rompe el equilibrio perfecto, en cuanto lo que pasa no es lo que a mí me gustaría, ¡chas! Entro en pánico. Me cierro, me tenso. Me atasco, me ofusco, me nublo. Y todo eso se convierte en gasolina para más malestar. Se crea un círculo vicioso que no me lleva a ningún sitio bueno.

Qué caro he pagado (y sigo pagando) el dejarme llevar por este hábito a lo largo de mi vida. Por este hábito o por otros, como el que también aparece en la situación que describo, el de compararme y quedar siempre por debajo, como en este caso, o por encima de los demás. (Creo que a los hábitos se les llama también “patrones” para dejar claro que mandan en nosotros 😀)

Y sí, lo sé, que en la vida hay felicidad y dolor, que no es realista esperar que todo sea color de rosa, que en la meditación no buscamos ninguna experiencia en concreto… ¿Lo habré dicho veces? A veces llego incluso a creer que me comporto en mi vida como si hubiera asimilado esta gran verdad. Madre mía, nada más lejos. Ahí está, ahí sigue ese patrón. Esa búsqueda inconsciente, ese apego al bienestar, esa creencia de que el dolor es un defecto, el indicador de que algo no funciona. Ese sueño infantil de que es posible un mundo maravilloso, donde todo será por fin “perfecto” y a mi medida. Ese vivir todo como un mero trámite que hay que pasar mientras llega esa situación idílica donde poder vivir a gusto de verdad.

Dicen los sabios que ese estado anhelado existe, que no estamos tan locos por desearlo. Incluso que el buscarlo es una señal de nuestra sabiduría profunda. Al parecer es posible eliminar completamente el sufrimiento. Dicen que Buda lo consiguió y lo expresó en su tercera Noble Verdad (la del “cese”, una de las cuatro conclusiones que sacó al liberarse). Yo también creo que es posible y por eso estoy en este camino, pero la cuestión es cómo conseguirlo, pues muy a menudo sin darnos cuenta creamos más de aquello que queremos eliminar. 

(Las otras tres Nobles Verdades de Buda son para explicar todo eso)

En fin, estas cuestiones son las que me gusta explorar en mi vida y, más detallada y afinadamente, en los retiros de meditación. 

Por eso el otro día en la sesión dije alegremente, ante la mirada incrédula de algunos, que los retiros son estupendos, entre otras muchas cosas, porque en ellos puedo sentir desesperación, algo que no suelo sentir en mi confortable y adormecida vida cotidiana. 

PD: Estuvimos comentando en la sesión la posibilidad de hacer retiros en silencio en casa. Se trataría de dedicar un día al mes (esta sería una buena frecuencia) para practicar meditación de forma intensiva. Tendríamos que ponernos un horario donde se alternan sentadas en silencio de una duración de entre 30 y 40 minutos con descansos para tomar un té o caminar conscientemente (en casa o en un lugar donde no vayamos a encontrarnos con gente). Durante ese tiempo, unas 8 o 10 horas aproximadamente, no leemos, ni hablamos por teléfono, entramos en internet o nos comunicamos con nadie. Todo lo que hacemos, comer, descansar, caminar, etc. lo hacemos en silencio. Silencio dentro y fuera. Se trata de dejar descansar un poco a nuestra mente “racional”. Si tienes las condiciones y la inspiración para hacer uno de estos retiros y necesitas más detalles, me puedes escribir si te surgen dudas sobre el procedimiento. 

32 comentarios
  1. M.Ángeles Benavides
    M.Ángeles Benavides Dice:

    Bea, un millón de gracias por abrirte en canal, tu honestidad, autenticidad y sinceridad por reconocer lo que nos cuentas. Ojalá algún día me atreva a “verme el plumero”. Gracias de 💟

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  2. Espiritu Santo
    Espiritu Santo Dice:

    Gracias Beatriz por tu sinceridad
    Al leerte me siento reflejada en esa adición al placer y a ese desasosiego cuando las cosas no van como yo quiero
    A mi también me gustaría hacer ese retiro en casa

    Responder
  3. Jeimmy rojas
    Jeimmy rojas Dice:

    Hola Beatriz!

    Que alegría saber de ti, y gracias por contar tus vivencias me encantaría algún día conocerte en persona. Me encantaría hacer ese retiro, cuando era adolescente hice dos retiros claro está con un grupo de gente fue hermoso desde entonces desearía volverlo hacer.
    Mil gracias por tu tiempo y compartir todos tus conocimientos con nosotros.💓

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  4. Loli
    Loli Dice:

    Ohh. Muchas gracias. Me ha he hecho mucha gracia lo que decía madre: “solo me gusta la parte ancha del embudo”, y cuanta razón!!. Que gusto leerte y aprender. Gracias por tu generosidad en compartir.

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  5. Adriana
    Adriana Dice:

    Gracias por contarnos tu experiencia Beatriz.
    Me gustaría recomendar un documental de la 2: Felices por obligación, salió el sabado17/09 a las 2300, creo que es Noche temática. Creo que ayuda a entender algunas cosas. Un saludo!

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  6. Manuela
    Manuela Dice:

    Muchas gracias por compartir tu experiencia. Me parece que un retiro es para mí bastante difícil, pues siempre lleno mi vida de actividades que tengan en funcionamiento mi cabeza y mi cuerpo para evitar los pensamientos que me traen sufrimiento. Creo que siento demasiado apego a lo agradable porque cualquier pequeña cosa desagradable la vivo como si fuera algo insuperable. Pero como dices siempre: practicar y practicar es lo que ayuda.
    Un abrazo fuerte.

    Responder
  7. Elena
    Elena Dice:

    Hola Beatriz!
    Eres un descubrimiento en mi vida,
    Me inicie con tu página en mindfullnes y como dices practicar, practicar…. a ver si se me alivia la insatisfacción.
    Lo del silencio me parece interesante.
    Gracias por compartir tus pensamientos, sentimientos y emociones.
    Un fuerte abrazo.

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  8. Adela
    Adela Dice:

    ¡Madre mía! ¡Ni siquiera estoy segura de comprenderlo! Tengo que volver a leerlo. ¡Definitivamente estás en otro nivel, más cerca ya de Buda que de la tierra! jeje.
    Gracias por tanta honestidad.

    Un beso grande.

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  9. Antonio
    Antonio Dice:

    no sé exactamente lo que hay al final de este ilusionante camino, de lo que estoy seguro es que oírte cómo lo relatas tiene que ser algo único y maravilloso. Gracias !! transmites “verdad”

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    • Beatriz
      Beatriz Dice:

      Qué alegría lo que me dices, muchas gracias! Por lo que yo sé, en este camino no hay final. Descubras lo que descubras, luego tienes que llevarlo a la vida. Y ahí siempre hay retos, movimiento, cambio… Me encanta la frase que se atribuye a Ram Dass: “Si crees que te has iluminado, vete una semana a vivir a casa de tus padres” 😂😂

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  10. EVA LP
    EVA LP Dice:

    Gracias Beatriz. Qué bien suenan estas palabras, siempre tras escucharte o leerte siento “ganas de cojín”. Tienes la habilidad de poner palabras a mis pensamientos.
    Afortunada y agradecida de saber que estás ahí.

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  11. Rosa
    Rosa Dice:

    Mil gracias por compartir tantas cosas.
    He experimentado retiros de silencio y estoy de acuerdo contigo, son maravillosos.
    Un abrazo y gracias

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