Hace unas semanas leí un artículo que me resultó muy inspirador. Me animó a hacer algo que no se me habría ocurrido jamás: pasar los domingos sin móvil, sin tablet, sin ordenador… pasar los “domingos sin pantallas”. Está siendo una experiencia muy interesante. Me apetecía compartir el artículo y, como estaba en inglés, decidí traducirlo contando con la valiosísima ayuda de mis queridas amigas Bea S., Ana B., Angie, Mariola y Delfi. Espero que te guste.

(Aquí te dejo también el enlace al original en inglés)

 

Los domingos sin pantallas: así me ha cambiado la vida

Pasar un día a la semana sin tecnología me ha ayudado a darme cuenta de mi resiliencia y me ha llenado de confianza.

 

A finales de 2019 tuve un episodio traumático en mitad de la noche: me dio un ataque, me desmayé y me hice una contusión en la cabeza, lo que me llevó a pasar la noche en las Urgencias de un hospital de Nueva York. Después de este episodio decidí que necesitaba bajar mi ritmo de vida. Y mucho. Antes de que me ocurriera esto no me consideraba “adicta” al móvil. Hace años que desactivé las notificaciones, no me llevo el móvil a la cama y me resulta fácil pasar tiempo haciendo cosas que no requieren tecnología.

A pesar de todo esto siempre me ha impresionado el informe de uso semanal que me manda mi teléfono. Parece que el tiempo que le dedico diariamente está formado por muchos micro momentos, pequeños trozos de tiempo que se distribuyen a lo largo del día.

Después de mi ataque con desmayo y contusión, empecé a pasar menos tiempo delante de las pantallas. De hecho, para recuperarme tenía que abstenerme de usarlas. A pesar de lo horribles que fueron el accidente y los síntomas posteriores, disfruté esa época tranquila y relajada, esa manera de existir que resultó curativa más allá de los síntomas físicos. Inspirada por la experiencia, decidí incorporar a mi vida semanalmente un sabbath sin pantallas, lo que se convirtió en mis “domingos sin pantallas”.

En enero de 2020 dejé de utilizar el portátil y de enviar mensajes por el móvil los domingos. En su lugar retomé actividades de antaño como la lectura en papel, la escritura con bolígrafo o los paseos en silencio (pues sí, sin podcasts y sin música).

Al principio, no sabía a dónde me llevaría este experimento. ¿Perjudicaría esto a las relaciones con mis amigos? ¿Me sentiría más sola y menos conectada con la gente? ¿Sería menos productiva? Muy pronto me di cuenta de que era necesario hacer algunos reajustes. Por ejemplo, si tenía algún plan con amigos el domingo, les tenía que advertir con antelación de que el domingo no iba a estar pendiente del teléfono ni del correo electrónico, así es que si les surgía algo tenían que avisarme el sábado como muy tarde.

Cuando iba a yoga, andando o en metro, ya no me entretenía jugueteando con el móvil o escuchando un audio libro.

En lugar de eso, me detenía y me observaba a mí misma y a los que me rodeaban. Si tenía que ir a algún sitio nuevo el domingo, consultaba en el móvil cómo llegar el sábado o bien lo hacía el mismo domingo de algún otro modo, por ejemplo, preguntándole a alguien cómo llegar, ¡lo nunca visto! Sin mis amigos electrónicos, Google y Siri, empecé a entablar conversiones con gente con la que me cruzaba en el parque, el metro, las cafeterías y el estudio de yoga.

Me sentí más conectada con estas personas que con las que había visto en Twitter poco antes. Me di cuenta de un montón de cosas que me habrían pasado desapercibidas si hubiera ido con la nariz pegada al móvil: pájaros de colores, perros monísimos paseando por las calles, el cielo azul, expresiones faciales de personas desconocidas, carteles que anunciaban eventos o mascotas perdidas y artistas callejeros que ofrecían sus espectáculos.

Los más duros fueron los domingos en los que no salía de mi piso o de mi bloque. Aislada en mi apartamento de un dormitorio, sin usar el móvil o la televisión para conectar con la gente. Fueron esos los días en los que me vi realmente obligada a hacerme amiga de mí misma. Solía hacerme preguntas. Miraba hacia mi interior con el objetivo de entretenerme. Hice proyectos de arte, escribí cartas a mano, cociné, leí libros, hice limpieza, practiqué yoga y, a veces, simplemente me senté a mirar por la ventana o fui a pasear sola por el parque del otro lado de la calle. Ese tiempo conmigo misma me ayudó a darme cuenta de mi capacidad de resiliencia, de creatividad, de confianza y de autosatisfacción al saber que podía disfrutar, descansar y divertirme contando simplemente con mi compañía.

En marzo, cuando estalló la pandemia, me fui a pasar la cuarentena a la granja de mi familia en Michigan. En esos momentos en los que la gente estaba deseando de conectarse virtualmente con los demás, el silencio digital de los domingos fue una experiencia muy valiosa para mí (sin teléfono ni ordenador, tableta o televisión). Cuando les contaba a mis amigos que pasaba los domingos sin pantallas, solían responder con admiración, intriga y, casi siempre, dándome varios motivos por los que para ellos sería imposible hacer algo parecido.

Me decían: “Yo nunca podría hacer eso”, “Tengo un negocio” o “Puede que alguien quiera hablar conmigo; puede que tenga que responder a algo”.  Mi respuesta: Lo entiendo. La gente también quiere hablar conmigo. Yo también tengo un negocio, formo parte de un equipo, asesoro a varias empresas, presento un programa de humor por las noches y tengo amigos y familia. Simplemente le pido a la gente que pueda querer hablar conmigo el domingo que me contacte cualquier otro día. La semana tiene otros seis días y solo estoy quitando un día de la esfera de lo posible. Todos los que me respetan respetan mi tiempo y respetan que me tome ese día para mí. Y el hecho es que al hacer esto no he perdido nada y he visto mejorar mi negocio, mi trabajo en equipo, mis relaciones y mi salud.

También me decían: “¿Y qué pasa si me pierdo algo importante de las noticias o las redes sociales?”. Mi respuesta: Se trata solo de un día. ¿Cuándo fue la última vez que una noticia importante dejó de existir 24 horas después? La cuestión es si prefieres perderte un titular o un post de Instagram que va a seguir ahí al día siguiente, o perderte tiempo de calidad con las personas de tu alrededor, con tu entorno y contigo mismo. Esa es realmente la elección y, a fin de cuentas, de ti depende.

Y para los que tenéis hijos, el 56 % de los padres aseguran que los niños pasan demasiado tiempo con sus móviles y al 71 % de los adultos les preocupa que sus hijos pasen demasiado tiempo delante de una pantalla. Así que, ¿por qué no dar ejemplo practicando este tipo de descanso? Incluso Bill Gates y Steve Jobs han limitado el tiempo que sus hijos pasan delante de las pantallas. Hazlo con tu familia y conviértelo en un ritual. Los estudios muestran que los rituales familiares están asociados con la satisfacción de la pareja, el sentido de identidad personal de los adolescentes, la salud de los niños, los logros académicos y vínculos familiares más fuertes.

 

LO QUE HE APRENDIDO

Durante la pandemia, a pesar de que pasamos más tiempo con las pantallas, no se redujeron la soledad, las dudas ni la incertidumbre. Las pantallas no resuelven esas dificultades, desafortunadamente. Pero me he dado cuenta de que los “domingos sin pantallas” me siento conectada, en calma, contenta, enraizada, descansada y llena de energía. Así es como quiero sentirme durante la pandemia y lo consigo sin necesidad de pantallas.

El mundo no se acabó cuando me desconecté completamente. De hecho, hubo más bien un comienzo. Además de los beneficios obvios de esta práctica, como dar un descanso de pantallas a mis ojos, han aparecido otros muchos beneficios e implicaciones en mi vida que ni siquiera era capaz de imaginar.

Me siento menos sola. Me siento más conectada conmigo y con los demás. Ha mejorado la relación conmigo misma. Escribir un diario (de forma más extensa los domingos), acerca de mi vida, mis sentimientos, mis miedos, mis sueños, ha alimentado mi autoconciencia, lo que me ha permitido mejorar mis relaciones y mi trabajo. He tomado decisiones meditadas acerca de mi trabajo, de mi vida, en vez de decisiones reactivas basadas en lo que sea que esté de actualidad en el mundo de las pantallas. También me siento más sana y no me he vuelto a desmayar (toco madera).

Duermo mejor. Antes había noches en las que no me podía dormir hasta las cuatro de la mañana. Ahora me acuesto sobre las once y duermo de un tirón. Me despierto lista para saltar de la cama en vez de desear seguir durmiendo una hora (o cuatro) más.

Estoy más concentrada. He acabado varios proyectos que tenía pendientes. Cuando comienza la semana y vuelvo a las pantallas, soy capaz de evitar distraerme con ellas. Si puedo pasar un día entero sin Instagram, también puedo estar tres horas sin mirarlo, y así me puedo centrar más en un proyecto, una conversación o una reunión. Los “domingos sin pantallas” también me han ayudado a ser más creativa.

Seguro que hay muchos otros factores que han influido en todas estas mejoras, ya que, que dos factores estén relacionados no implica que exista entre ellos una relación de causa efecto. En cualquier caso, estoy segura de que descansar de las pantallas un día a la semana ha sido relevante, porque me ha permitido disponer de más tiempo y espacio que he podido dedicar a otras actividades beneficiosas.

No he tenido que perderme en los bosques durante años al más puro estilo de Thoreau, he podido incorporar de nuevo las pantallas de forma regular y efectiva durante la semana y he seguido cosechando sus beneficios de forma consistente. No he tenido que dejar mi vida, ni a mi familia, amigos o trabajo. He podido ofrecerme un poco de descanso y de tiempo desconectada de las redes, para poder conectar conmigo misma y con mi entorno. Y al tomarme ese día sin pantallas he conseguido relacionarme mejor con mi familia, mis amigos, mi trabajo y conmigo misma. He podido tomar las riendas de mi tiempo y decidir cuándo quiero ponerme frente a una pantalla y cuándo no.

Me encantan los domingos, son sin duda mi día favorito de la semana. Aún así, no deseo que todos los días sean domingo, porque no me hace falta. Esta es parte de la belleza de esta práctica: tomarse un día completamente libre y desconectado es suficiente si se hace con regularidad. Es una práctica restauradora que me aporta energía y me ayuda a recomponerme. Cuando llega el lunes estoy contenta, llena de energía y preparada para una nueva semana. Me valoro a mí misma y a todo lo demás mucho más, y cuando me pongo frente a una pantalla lo hago de forma mucho más consciente. Ya no paso tanto tiempo delante de una pantalla durante la semana porque me he dado cuenta de que no lo necesito. Antes pretendía que el móvil me proporcionara felicidad, alegría y entretenimiento. Y la verdad es que es algo que se le daba fatal, por lo que he decidido responsabilizarme yo. No tengo que estar frente a una pantalla para sentirme conectada, tener energía, estar informada, ser creativa o sentirme parte de algo. Puedo sentir todas estas cosas los domingos, sin necesidad de pantallas.

 

Mary Lemmer es empresaria, comediante, autora, asesora de empresas, filántropa y financiera. Es la creadora de la plataforma “Improve”, que ayuda a los líderes y equipos a mejorar la comunicación, la colaboración, la creatividad y la inclusión, mediante el teatro de improvisación.

20 comentarios
  1. Sandra
    Sandra Dice:

    Hola Beatriz, muchas gracias por traducir este artículo. Me ha resultado muy útil y mañana mismo empezaré a aplicarlo, pues aunque soy consciente de mi uso del celular y las redes a veces es muy frecuente y eso me desconcentra y me hace perderme de momentos significativos. Un abrazo!!!

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      • Sandra
        Sandra Dice:

        Hola Beatriz,

        Mañana va a ser el tercer domingo sin pantallas (en mi caso sin internet) y ha sido al principio muy difícil, pero en la medida que han pasado las horas he sentido alivio, menos ansiedad y me he empezado a cuestionar lo que es importante para mí.
        Un abrazo.

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        • Beatriz
          Beatriz Dice:

          Hola, Sandra!! Yo no me imaginaba lo difícil que podía ser estar todo un día sin pantallas. Me alegro de que te hayas atrevido a explorar un poco esa posibilidad y de que, como dices, la experiencia te haya dado frutos interesantes. Gracias por contarnos., Un abrazo fuerte!

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  2. Isabel V.
    Isabel V. Dice:

    Que buen artículo y que buena iniciativa la tuya al compartirlo. Lo que cuenta me resulta muy útil y, voy a intentar ponerlo en práctica. Gracias

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    • Beatriz
      Beatriz Dice:

      De nada! Está muy bien, sí, el artículo. Y me ha encantado traducirlo con mis amigas. También está siendo muy interesante la experiencia y nada fácil, por cierto. Un abrazo!

      Responder
    • Beatriz
      Beatriz Dice:

      De nada! Ya nos cuentas. Es interesante esto de observar qué pasa cuando nos quedamos con el hueco que dejan todos los aparatos que nos tienen todo el día liados. Un abrazo!

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  3. Elena
    Elena Dice:

    Gracias por compartir Beatriz… me encanta esta iniciativa. Practiquemos los DOMINGOS SIN PANTALLAS y disfrutemos más conscientemente del PRESENTE ?

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  4. Esperanza
    Esperanza Dice:

    Gracias Beatriz por compartirlo. Muy interesante esta iniciativa. Lo comparto e íntegro hacia mi introspección. Más Mindfullnes los domingos..,…

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  5. Margarita
    Margarita Dice:

    Mil gracias, Beatriz por este artículo !!! Ayer domingo no abrí la computadora !!!!! Se puede !!! Próximo paso el celular.
    Fue muy gratificante no estar conectada a la computadora y recordé que antes del aislamiento marzo 2020, yo no usaba la computadora !!! Ahora es como una adicción….
    Mil gracias, nuevamente y desde Buenos Aires, que tengas una bonita semana !!
    Abrazooo

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    • Beatriz
      Beatriz Dice:

      Qué interesante, Margarita, la idea de hacerlo por pasos. Y ya lo creo que se puede! Ya nos vas contando si te apetece. Un abrazo y buena semana!

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