El otro día, paseando, me encontré con una persona a la que tengo mucho cariño y que hacía tiempo que no veía. Es un hombre que hizo conmigo el programa de mindfulness MBSR hace ya unos años. Lo encontré radiante. Estuvimos charlando un rato y me comentó cuánto le había servido la práctica del mindfulness en los tiempos en que se inscribió en el curso. Llegó ahí porque, tras jubilarse, había caído en una depresión muy grave. Me dijo que lo que más le había servido de todo era el dejar de luchar contra la depresión. El pasar de una actitud de tensión y resistencia hacia su situación a una actitud de apertura y aceptación fue la clave de su curación. La depresión, me dijo, demostró ser como todo en esta vida, algo pasajero. E igual que vino, en su momento se fue. Cuando nos despedimos, me alejé recordando su cara, su aspecto, su postura… cuando lo conocí parecía un anciano de 90 años y ahora estaba lleno de vitalidad y alegría.

Luego, al llegar a casa, recibí por whatsapp este texto de Jeff Foster:

“La dicha de la tristeza”

Es simple,

cuando estés triste,

simplemente siente la tristeza.

No intentes estar feliz.

Intentar esto es agotador.

No empujes a tu tristeza lejos de ti.

No la silencies,

no intentes superarla,

ni transformarla

ni siquiera intentes “sanarla”.

Tampoco necesitas aceptarla,

date cuenta de que ya ha sido aceptada.

Ya existe espacio suficiente para la tristeza en la grandeza de tu ser.

Tú eres el cielo, la tristeza es solo el clima cambiante.

Tú eres infinito, la tristeza es temporal.

Tú eres eterno, la tristeza anhela un hogar.

Es simple. 

Cuando estés triste,

simplemente siente la tristeza.

Inclínate ante ella.

Hónrala.

Permítele descansar y moverse

y conocerás su santidad.

Significa estar vivo. Es dicha. 

 

La práctica de esta semana

Será esta: sentir nuestras emociones, sin más, SIN HACER NADA. No vamos a añadir tensión y estrés a algo que ya nos produce naturalmente eso, tensión y estrés.

Cómo se hace

Cuando aparezca una emoción desagradable en nuestra vida (rabia, miedo, tristeza, preocupación, etc.) podemos simplemente quedarnos en silencio con ella. Llevamos la atención al cuerpo y la sentimos ahí. Conectamos con las sensaciones corporales del momento. Si son muy intensas, podemos apoyarnos en nuestra respiración para estar con ellas. Nada más, eso es todo. No hay que gestionar nada. Luego, seguimos con nuestra vida. En la sesión (o en los comentarios), si queréis podemos comentar cómo nos ha ido la experiencia.

Lo de estar en silencio con la emoción sería lo ideal; la intención de esta práctica es no alimentar/alargar con la mente el proceso. Aunque lo que realmente suele pasar en estos casos es que nuestra mente se disloca y comienza a funcionar a cien por hora. Actúa como si quisiera hundirnos más y más en la emoción o, a veces, como si quisiera ponernos al límite para que obedezcamos al impulso y reaccionemos. Si esto ocurre, podemos también ser conscientes de estos mecanismos de la mente. No se trata de “hacerlo bien”, se trata de estar conscientes en los procesos de nuestras emociones. Poner conciencia en algo que suele ocurrir en la oscuridad. Si finalmente vence la emoción y reaccionamos, ponemos atención también ahí, en la reacción.

 

Os dejo aquí un par de textos que pueden resultar inspiradores.

El primero, un fragmento de la respuesta que dio Pema Chödrön a un chico que en una entrevista le preguntó qué podía hacer con su tristeza:

“La tristeza es buena. Deja que la tristeza sea un puente que te conecte con la humanidad. Deja que la tristeza te conecte con la vida. La vida tiene tristeza y tiene alegría… la vida tiene momentos duros y momentos maravillosos. Ese es el cuadro completo. No puedes vivir una vida humana sin todos los aspectos que forman parte de ella. Es una especie de mito el creer que puedes evitar todas las partes dolorosas y quedarte solo con las placenteras. Esto definitivamente no va a ocurrir nunca. Todo el mundo lo intenta y nunca sucede. Y aun así la gente sigue intentándolo. Así que piensa que el hecho de que algo te duela y te sientas triste es algo bueno. Piensa en esto como crecimiento, algo que te muestra cómo se siente el crecer”

 

Y un poema de Rick Fields que me requeteencanta:

Este mundo,

absolutamente puro

tal y como es.

Detrás del miedo,

la vulnerabilidad.

Detrás de eso,

la tristeza.

Después, la compasión.

Y detrás, el vasto cielo.

 

¡Buena semana!

 

7 comentarios
  1. Jose Manuel
    Jose Manuel Dice:

    Buenas tardes,desde que leí tu libro te sigo todo lo que escribes y me parece de un sensatez e inspiración que de verdad ayuda mucho.Es una pena el no poder conocerte y asistir a tus clases,la distancia es lo que tiene….Un abrazo y muchas gracias

    Responder
  2. Carmen
    Carmen Dice:

    Gracias Beatriz por esta entrada tan inspiradora. Nos recuerda dónde está la ilusión y la intención que hemos de cultivar.
    Un abrazo grande

    Responder
  3. Paco Santoyo
    Paco Santoyo Dice:

    Muchísimas gracia Bea por la ayuda que recibí de ti hace casi cinco años y por la que continúo recibiendo actualmente cuando leo lo que escribes en tu Webb. Enlazando con el contenido de de esta última reflexión que “cuelgas”, quiero manifestar que la primera vez que tuve conocimiento del poema del grandísimo poeta y místico sufí Rumi, denominado “La casa de Huéspedes”, fue gracias a ti durante el curso de Mindfulnes que dirigiste en el verano de 2015. Hoy quiero compartir contigo y con los que lean tu ultima publicación el enlace del célebre poema de Rumi magnifícamete recitado.
    Como diría el maestro espiritual Eckart Tolle, cuando recuerdo el pasado de forma consciente (dándome cuenta o haciéndolo con atención plena) lo estoy trayendo al momento presente, al aquí y ahora, que es el único momento que existe.
    Un abrazo fuerte,
    Paco

    Pónganse cómodos, relájense, escuchen y sientan el poema de Rumi, que también esto es mindfulness.

    https://youtu.be/i3skMw8Iv9M

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