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El lobo siempre enseña la patita (y detrás de la pata de un lobo, suele haber un lobo).

Al principio de una relación de pareja, los lobos siempre enseñan la patita. Y la vemos. Pero no le hacemos caso. Es algo muy pequeñito que sucede en medio de todo un despliegue de luz y color. ¡Ay!, ahí está el germen de un montón de sufrimiento que vendrá, ya sea que acabemos con la relación o que nos quedemos atrapados en ella. El depositphotos_13555942-Eyes-of-wolfgermen no está tanto en la patita que asoma como en el hecho de no hacerle caso.

Por mucho que lo intentemos esconder, lo que somos sale al exterior. Y se ve, los demás lo ven. Al principio de una relación, es más fácil mostrar nuestra mejor cara. Cuando va pasando el tiempo y nos vamos relajando o cansando de tanto esfuerzo por esconder nuestro lado oscuro, este va saliendo a relucir cada vez con más claridad y fuerza. Al lobo se le va resbalando la piel de cordero que lo cubre.

Y llega un momento en que el lobo aúlla tan fuerte y enseña sus dientes tan a menudo que ya no puedes ignorarlo por más tiempo, llegas a la comprensión: mi pareja es un lobo.

Moraleja: Si no quieres a un lobo como pareja, en cuanto asome la patita, que la asomará, dale un beso a su cara de corderito y sal corriendo de su lado. (Una pata de lobo es una pata de lobo y, detrás de ella, suele haber un lobo). 

PD: Si eres de las que creen que hay lobitos buenos o que todo el mundo merece una oportunidad, o que quizás ese día no te habías puesto las gafas, puedes esperar y ver cómo van saliendo, detrás de la patita, el resto de las partes…Si esperas lo suficiente, verás al lobo entero, no lo dudes (aunque sea lo último que veas). 

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